

El “Dicen...” de cada día, una grave restricción mental…
Cada vez que oigo a una persona iniciar su conversación con “dicen” o cuando leo un párrafo que empieza con “dicen” y luego describen un rumor sobre una situación, una familia, persona o una organización, solo pienso en la falta de sinceridad, valentía o mala intención de sus aportaciones… Mejor sería decir valientemente: yo creo, opino o he comprobado... Esconderse en el “dicen” debiera cuestionarse éticamente como forma de hablar entre gente razonable… Si se fijan, el Papa, el presidente de Estados Unidos o los cancilleres de los países del primer mundo y la gente seria no utilizan esta expresión y cuando preguntan o hablan, explican lo que quieren decir.
Hay ciudades donde el “dicen” es un mal hábito viejo y en esa relación se siente el retraso conceptual sobre la realidad…
Escuchando entrevistadores en la radio y la televisión y leyendo opiniones en varias páginas web, muchas empiezan con “dicen” y al leer su contenido se da uno cuenta, de que lo que “dicen”, son opiniones sueltas que asumen como ciertas por sentirse dueños de la verdad con su resoluto “dicen” como único argumento. ¿Saben cuantas cosas no hace la gente por el temor al “dicen”? ¡Pues muchas de las que falta por hacer!…
Sócrates nos heredó su “Triple filtro” que consiste en frenar los “dicen”, haciendo a quienes pretenden contarnos cosas de otros, estas tres preguntas:
Las preguntas de la “Prueba Cuádruple” que aprendí en Rotary Internacional también son un excelente filtro:
¿Cómo se progresa y se convive mejor? Participando en la sociedad aportando ideas y trabajo en beneficio común o yendo de casa en casa, de reunión en reunión o de pagina web en página web opinando con el maldito “dicen”… Si aplican estos filtros y piensan solo “diez segundos” antes de "desembuchar" un “dicen”, prevalecerá el respeto y la prudencia frente al irrespeto, la imprudencia y la calumnia…
También las normas internacionales de gestión de la calidad ISO 9000, implantadas en más de un millón de empresas en todo el mundo, requieren un sistema de comunicación con datos ciertos y contrastables para la toma de decisiones y descartan tajantemente las opiniones basadas en el “dicen” como elemento válido de información…
Hablando sobre este hábito con varios amigos, al final me dieron la razón, advirtiéndome, que los “dicen” abren la imaginación y a la gente le gustan, aunque saben que propagándolos calumnian y disfaman.
Más valdría participar con seriedad en el desarrollo social de la ciudad, que buscar y propagar cada día por doquier el último “dicen”.
¡La buena comunicación es vital para el desarrollo de un pueblo, la mala comunicación perjudicial y termina actuando como restricción mental!




